Los mesopotámicos desarrollaron una arquitectura particular determinada por los recursos de su entorno. Aprovecharon los dos sistemas básicos de construcción: el dintel y la bóveda. Construyeron mosaicos pintados en tonos brillantes, como negro, verde o bicolores, para decorar murales. Sus edificios carecían generalmente de ventanas y la luz provenía del techo. Dado que les preocupaba la vida terrenal más que la de los muertos, sus construcciones más representativas fueron el templo y el palacio. El legado de esta arquitectura se desarrolló entre los ríos Tigris y Éufrates hasta la caída de Babilonia.
Materiales y técnicas constructivas
La arquitectura mesopotámica se sustentó en materiales que la propia región proporcionaba en abundancia. Gracias al suelo arcilloso y fangoso, los constructores levantaron sus casas con adobe. Más tarde inventaron el ladrillo, que sometieron a diferentes procesos como la cocción, el esmaltado y el glaseado. La piedra era escasa, por lo que su uso se redujo a ejemplos muy pequeños. La madera de bosque tampoco era común en Sumeria, aunque sí se empleaba la madera de palma para los techos, lo que condicionó que las habitaciones fueran alargadas y cubiertas con vigas transversales.
Un material singular fue el asfalto o betún natural. Los mesopotámicos lo utilizaron como mortero y material de construcción hace unos cinco mil años, siendo pioneros en el aprovechamiento del petróleo. En Ur, los ladrillos de barro se unían con asfalto. Esta sustancia negra y pegajosa ayudó a preservar estructuras como el zigurat de Ur. El alquitrán procedía de los campos de petróleo naturales del sur de la actual Irak.
En los muros, los constructores incrustaban pequeñas teselas en forma de cono para dar mayor resistencia al ladrillo y crear superficies decorativas características. La distribución de ladrillos en forma de cuña permitió la creación de arcos, y el acoplamiento sucesivo de estos dio lugar a las bóvedas y cúpulas. Los muros eran gruesos y reforzados con contrafuertes que actuaban como bordes estabilizadores.
Los templos: origen y evolución
Los templos mesopotámicos a menudo precedieron a la propia creación del asentamiento urbano. Crecieron desde pequeñas estructuras de una sola habitación hasta elaborados complejos de varias hectáreas a lo largo de los dos mil quinientos años de historia sumeria. Cronológicamente, los templos sumerios evolucionaron a partir de los anteriores templos de la cultura de Ubaid.
El yacimiento arqueológico de Tell Abu Shahrein, identificado con la antigua Eridu, ofrece la reconstrucción final de un santuario cuyos cimientos originales se remontan a principios del cuarto milenio antes de nuestra era. Este templo anticipó las características generales de la arquitectura mesopotámica: fue construido con ladrillo de barro sobre un zócalo elevado, sus paredes exteriores se adornaron con contrafuertes y retranques alternados, y su santuario central está flanqueado a ambos lados por cámaras subsidiarias provistas de un altar en un extremo y una mesa de ofrendas en el otro.
En los templos del período de Ubaid, tanto la planificación como la ornamentación son más elaboradas. Los muros interiores se componían de un mosaico en tonos terracota hundidos en la pared, cuyos extremos estaban envueltos en colores brillantes o recubiertos de bronce. Un salón abierto en la ciudad sumeria de Uruk contiene columnas de ladrillo independientes, adosadas y brillantemente decoradas. Las caras internas de los templos sobre plataforma se decoraban con murales que representaban escenas míticas, como los documentados en Uqair.
Planos arquitectónicos y el eje doblado
Los templos del período de Uruk dividieron el rectángulo del templo en planos tripartitos, en forma de T o combinados. El plan tripartito heredado de Ubaid presentaba un gran salón central con dos salones laterales más pequeños a cada lado. La entrada se situaba a lo largo del eje corto y el santuario al final del eje largo. El plan en forma de T, también del período de Ubaid, era idéntico al tripartito excepto por una sala en un extremo del rectángulo, perpendicular a la sala principal. El Templo C del distrito Eanna de Uruk es un caso de estudio de la forma clásica de este tipo.
Las puertas del eje largo constituían el punto de entrada para las deidades, mientras que las del eje corto eran el acceso para los hombres. Esta configuración se denominaba aproximación de eje doblado, ya que cualquiera que entrara debía realizar un giro de noventa grados para enfrentarse a la estatua de culto al final del salón central. El enfoque de eje curvo es una innovación respecto a los templos de Ubaid y de otras tradiciones que utilizaban un eje lineal directo, y también es una característica presente en las casas sumerias.
Una mesa de ofrendas estaba situada en el centro del templo, en la intersección de los ejes. Cuando un edificio dejaba de ser útil, se derrumbaba ritualmente y se construía otro sobre sus cimientos. Gracias a esta práctica, las ciudades mesopotámicas se elevaban formando colinas artificiales conocidas como tells.
El zigurat
Las creencias sumerias sostenían que los dioses vivían en las montañas. Por ello, los sumerios construían templos sobre plataformas naturales o artificiales, en imagen y semejanza de las moradas divinas. Al estar elevados, podían verse a la llegada a la ciudad, ofrecidos como tributo a las deidades.
El zigurat era una construcción de origen sumerio consistente en una torre piramidal escalonada de base cuadrada, con terrazas y muros inclinados que terminaban en un santuario o templo en la parte superior. Se accedía a través de una serie de rampas. El edificio estaba adosado al templo y en él se realizaban las ofrendas; se consideraba la residencia terrenal de los dioses. Los reyes se encargaban de su cuidado y restauración. Muchos zigurats fueron abandonados con el paso del tiempo y sus restos se reutilizaron para otras construcciones. Su importancia trascendió la antigüedad y quedó reflejada incluso en textos bíblicos.
Palacios y viviendas
Palacios
Los palacios siguieron la estructura de las casas mesopotámicas, pero con más habitaciones y patios. Gracias a ellos, la ciudad comenzó a convertirse en una ciudad-palacio, donde además del rey vivían nobles y administradores. El espacio más importante era la sala del trono, una sala sostenida por grandes columnas. Los palacios asirio-babilónicos destacan por sus largas y estrechas habitaciones, ya que los techos estaban cubiertos de madera de palma colocada transversalmente. Tienen paredes gruesas, pocas ventanas y se dividen en dos zonas: una administrativa y otra para recepciones y habitaciones reales, sin un orden específico en la distribución de las estancias.
Casas colmena y casa patio
En los escritos antiguos se documentan chozas construidas con cañas dobladas que funcionan como columnas, sirviendo de base para atar otras cañas rectas. Es una estructura con bóvedas que se cubre con esteras de caña o barro. Este esquema, a pesar de ser prehistórico, continuó siendo utilizado por tribus árabes nómadas.
Las casas colmena eran de adobe o piedra y estaban compuestas por dos cuerpos: uno principal circular o cónico, al que se añadía un segundo cuerpo cuadrado inferior. La casa patio, típica de la arquitectura mesopotámica, se organizaba en planta alrededor de un patio central, también de forma circular en algunos casos. Se construían de adobe con vigas de madera y las habitaciones presentaban formas poligonales.
Granjas y estructuras rurales
Las granjas mesopotámicas eran edificios específicos para la actividad agrícola. Contaban con una serie de habitaciones y paredes cruzadas que dejaban patios abiertos para las labores del campo. En algunas se excavaban pozos cuyas paredes se cubrían con fábrica de piedra o adobe. Algunas granjas, como la de Tell Hassuna, formaron pequeños pueblos típicos del final del Neolítico.
Murallas y urbanismo
Las ciudades de la antigua Mesopotamia estaban amuralladas en un espacio reducido. Inicialmente, el trazado urbano era irregular y se construía en torno a los templos. Posteriormente, la traza adquirió una forma más cuadriculada. Las casas eran simples y se organizaban en torno a un patio central, con cubiertas exteriores adinteladas aunque el interior pudiera estar abovedado. Eran viviendas muy cerradas, con pocas aberturas, debido al clima y para otorgarles un carácter fortificado.
Las murallas defensivas eran imponentes y garantizaban la seguridad en tiempos de guerra. En las distintas ciudades-estado existían puertas monumentales de acceso que tenían un significado religioso, ya que diferenciaban el espacio sagrado del profano. Estas puertas y murallas se construían con ladrillos de adobe y estaban cubiertas con relieves de vidrio policromado que representaban plantas y animales de la iconografía oriental, como toros alados llamados lamassu y leones.
Durante muchos años, el sur de Mesopotamia, con Ur y Uruk en la antigua Sumeria, fue considerado el centro de origen de la civilización urbana. A finales del cuarto milenio y principios del tercer milenio antes de nuestra era, el auge urbano dio lugar a un movimiento masivo de población hacia grandes asentamientos. Las nuevas ciudades-estado marcaron la pauta de Mesopotamia como el centro de las ciudades del mundo antiguo. Estudios arqueológicos recientes, como los realizados en Tell Brak al norte de Mesopotamia, sugieren que el urbanismo y la monumentalidad también florecieron en el norte con anterioridad a lo que se creía, desafiando el modelo tradicional centrado únicamente en el sur.
Decoración y ornamentación
Los muros interiores de los templos y palacios se decoraban con mosaicos en tonos terracota hundidos en la pared, con extremos envueltos en colores brillantes o recubiertos de bronce. Las superficies exteriores de los zigurats y templos se revestían a menudo con ladrillos esmaltados de colores vivos que formaban relieves de animales y figuras mitológicas. Los mesopotámicos no desarrollaron la escultura en piedra monumental como los egipcios, pero sí dominaron el relieve en ladrillo y el mosaico policromo como formas de expresión arquitectónica.
Preguntas frecuentes
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El material fundamental era el ladrillo de adobe y arcilla, debido a la ausencia de canteras de piedra en la región. También usaron ladrillos cocidos, esmaltados y vidriados. La madera de palma servía para techos, y el asfalto o betún natural se empleaba como mortero e impermeabilizante.
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El zigurat era una torre piramidal escalonada de base cuadrada, construida con ladrillo de barro. Disponía de rampas de acceso y terminaba en un santuario en su parte superior. Se consideraba la residencia terrenal de los dioses y constituía el centro religioso de la ciudad.
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La piedra era escasa en la llanura aluvial de Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Éufrates. La madera de bosque no era un recurso local en Sumeria, por lo que se sustituía por la palma datilera para los techos y por los grandes troncos importados para elementos especiales.
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Son viviendas tradicionales de forma circular o cónica, construidas con adobe o piedra. Constaban de un cuerpo principal circular al que se añadía a veces una base cuadrada. Su forma recordaba a una colmena y eran habitadas tanto en el ámbito rural como por tribus nómadas posteriores.
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Evolucionaron desde pequeñas capillas del período de Ubaid hasta grandes complejos urbanos. Solían construirse sobre plataformas elevadas, con muros gruesos, escasas ventanas y luz cenital. Presentaban planos tripartitos o en forma de T, y su acceso se diseñaba con un eje doblado que obligaba a girar noventa grados antes de llegar al santuario.
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Es una configuración arquitectónica en la que las puertas de acceso para los humanos se situaban en el eje corto del edificio, obligando a realizar un giro de noventa grados para enfrentarse a la estatua de culto situada al fondo del eje largo. Las puertas del eje largo estaban reservadas simbólicamente para la entrada de las deidades.
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Eran ciudades-estado amuralladas con trazado inicialmente irregular, posteriormente más cuadriculado. Se organizaban en torno al templo y, más tarde, al palacio real. Las viviendas se agrupaban alrededor de patios interiores, y las murallas se decoraban con relieves de vidrio policromado representando animales y figuras mitológicas.