Arquitectura funcionalista: qué es, principios y características

dibujo a mano alzada de la Villa Savoye
Cómo el funcionalismo revolucionó la arquitectura
Fenarq Estudio de Arquitectura

En la arquitectura, el funcionalismo es el principio según el cual los edificios deben diseñarse basándose exclusivamente en el objetivo y la función del edificio. Este principio es menos obvio de lo que parece, y es motivo de confusión y controversia dentro de la profesión, sobre todo en lo que se refiere a la arquitectura más avanzada.

¿Qué es el funcionalismo en arquitectura?

El funcionalismo o arquitectura funcionalista, también llamado racionalismo, es un movimiento de la arquitectura y el diseño basado en la teoría formulada por Louis Sullivan (1856-1924): "la forma sigue a la función".

Este arquitecto creía que la forma de un edificio debía derivarse de un conocimiento completo del propósito al que sirve. Afirmaba, por ejemplo, que la forma externa de un edificio viene dictada por sus componentes internos, que a su vez están relacionados con la estructura.

Orígenes del funcionalismo arquitectónico

El funcionalismo arquitectónico tiene su origen en la tríada de Vitruvio, en la que la utilitas (que se traduce como "comodidad", "conveniencia" o "utilidad") aparece junto a la venustas (belleza) y la firmitas (firmeza) como uno de los tres objetivos clásicos de la arquitectura. Los conceptos funcionalistas también eran propios de algunos arquitectos del neogótico.

En particular, Augustus Welby Pugin escribió que "no debe haber elementos en un edificio que no sean necesarios para su comodidad, construcción o decoro" y que "todo ornamento debe consistir en enriquecer la construcción esencial del edificio".

Características de la arquitectura funcionalista

Villa Savoye es una de las obras maestras absolutas de la arquitectura moderna

Villa Savoye, 1929 – Le Corbusier

El funcionalismo en arquitectura tiene como principal objetivo diseñar de acuerdo con la función final del edificio que se va a construir. Por ello, la ornamentación tiene un papel secundario y los elementos de decoración tienden a ser sobrios y abstractos, fusionando el mobiliario con las paredes y utilizando la iluminación indirecta en lugar de la iluminación llamativa.

Destaca por incorporar nuevos materiales, como el hierro, el concreto y el vidrio, para crear diferentes formas y volúmenes.

Al centrarse en los propósitos de los habitantes y las comunidades, estas construcciones tienen un fuerte sentido social. En consecuencia, al aplicar este concepto se empiezan a considerar otros factores, como la salud y el bienestar.

La funcionalidad es uno de los principios básicos del diseño arquitectónico: cuando se cumplen óptimamente los requisitos del proyecto, la estética surge de manera natural.

La arquitectura funcionalista nació a finales del siglo XIX y principios del XX. Se caracterizó por prescindir de la ornamentación y, en la mayor parte de las obras, del muro como elemento estructural.

Uno de los rasgos más importantes de la arquitectura funcional es la búsqueda de espacios abiertos. La robustez y la resistencia de los materiales utilizados permiten eliminar los muros estructurales, y los espacios amplios permiten, a su vez, la creación de grandes entradas de luz.

Los 5 principios de Le Corbusier

De acuerdo con los criterios de Le Corbusier, uno de los mayores exponentes de este movimiento, los principios de la arquitectura funcionalista son:

  • Columnas (pilotis): se usan como pilares para crear lugares abiertos que puedan ser utilizados por la comunidad.

  • Terraza jardín: consigue mantener las condiciones de aislamiento térmico y transforma la cubierta en una zona de recreo.

  • Planta libre: gracias al concreto, los muros de carga se vuelven innecesarios, lo que libera al espacio de las limitaciones estructurales.

  • Ventana longitudinal: la liberación de los muros exteriores hace que las ventanas puedan abarcar toda la anchura del edificio, aumentando la relación con el exterior.

  • Fachada libre: al no tener función estructural, la fachada queda liberada y puede diseñarse con total libertad compositiva.

Beneficios del funcionalismo en la arquitectura

Conseguir una unión entre lo útil y lo bello es algo que complace tanto al cliente como a los usuarios finales de la obra. En cambio, crear algo bonito olvidando la utilidad da lugar a serios problemas de funcionamiento, que opacan todo el trabajo realizado. Sus principales beneficios son:

  • Ahorro: el uso de las formas ortogonales (formas exteriores que siguen las formas estructurales del esqueleto de acero y concreto) en lugar de las curvas reduce los costos de construcción.

  • Síntesis de superficies: posibilita la continuidad de las superficies, sin grandes diferencias entre los elementos de apoyo y los soportados.

  • Ampliación del espacio interior: la liberación de las paredes permite crear espacios interiores luminosos, higiénicos y confortables.

  • Combinación de espacios: el uso de espacios cuadrados y rectangulares permite crear zonas abiertas que favorecen la movilidad.

No obstante, la funcionalidad es solo uno de los muchos factores que intervienen en un proyecto. En función de los requisitos particulares del cliente, las características del proyecto y el entorno, el arquitecto debe estudiar las corrientes y técnicas más adecuadas para cada caso.

El espacio en la arquitectura funcionalista

El espacio es todo lo que nos rodea y obedece a distintos conceptos y disciplinas que se encargan del espacio físico, del espacio geográfico, del espacio exterior y del espacio interior.

Los temas de diseño, tanto arquitectónico como de interiores, deben centrarse en el obligado placer de lo útil, es decir, de lo funcional, por lo que el placer de la estética de las formas quedará a veces en un segundo plano.

La función se refiere al papel de los espacios funcionalistas dentro de la estructura del sistema. Louis Kahn los divide en dos categorías, lo que le permite dar un tratamiento formal, jerárquico y expresivo a los espacios:

  • Espacios servidos: los espacios principales, la razón por la cual se construye el edificio.

  • Espacios servidores: los que complementan y dan servicio a la actividad de los espacios principales.

Por ejemplo, en un hotel, los espacios privados —las habitaciones, los comedores, los salones— son espacios servidos; la recepción, los pasillos, los baños, los archivos y los almacenes son espacios servidores.

Se conoce también el término de espacio permeable: aquel que permite que el uso funcional que allí se realice sea enriquecido por otras actividades, siendo flexible al cambio, tanto de mobiliario como de función. El espacio impermeable, en cambio, es el que tiene un uso específico, determinante y dimensional, y al que se accede formalmente o se puede circular de forma tangencial. Estos conceptos se relacionan también con los de espacios públicos y espacios privados, principalmente.

Los espacios también se clasifican por la proporción entre su forma y la circulación que se admite a través de ellos, como los espacios progresivos, que crecen o disminuyen. Los espacios progresivos compuestos se expanden y nos preparan para otro espacio en el que podemos contemplar la aparición de la sorpresa.

La circulación enlaza los espacios de un edificio y reúne un conjunto de espacios interiores y exteriores, con límites, nudos y extremos del recorrido, a través de pasillos, galerías, tribunas, escaleras y áreas. Estos elementos representan una parte integral de la organización del edificio, por lo que la forma y la escala del espacio circulatorio deben ser las adecuadas para el movimiento de las personas.

La proporción y la escala son elementos que definen los espacios a través de la armonía. La escala se refiere al tamaño de un objeto comparado con otro o con un estándar; la proporción se refiere a la correcta armonía de la relación de una parte con otra o con el conjunto.

En arquitectura hay que cuidar la proporción de los materiales, las proporciones estructurales, prefabricadas e incluso antropomórficas, teniendo en cuenta los sistemas y teorías de proporcionalidad de una parte con el todo.

En el proyecto de interiores de un edificio es necesario modificar la posición y la dirección del techo, de las paredes y del nivel del suelo para cambiar el sentido de la escala, teniendo en cuenta las actividades que se van a desarrollar. La proporción en el diseño de interiores es fundamental para conseguir un conjunto homogéneo.

La relación de los espacios en el funcionalismo se da de tres tipos: directa, cuando lo único que divide el espacio es el mobiliario; indirecta, cuando se divide a través de muros bajos, desniveles del suelo, techos o diferentes formas del espacio; y espacios sin relación, que, como su nombre lo indica, son espacios independientes entre sí.

El funcionalismo en México

La Casa estudio de Juan O'Gorman

La Casa estudio de Juan O'Gorman

El funcionalismo comenzó a desarrollarse en México a finales de la década de 1920. Dicha tendencia cobró fuerza durante la década siguiente con los proyectos de vivienda obrera y los primeros programas de construcción de escuelas lanzados por la recién creada Secretaría de Educación Pública, y continuó hasta mediados del siglo XX con los programas de construcción de hospitales y los primeros edificios multifamiliares.

Su principal promotor fue el arquitecto Juan O'Gorman, quien junto con Juan Legarreta y Álvaro Aburto definió sus principios: una arquitectura acorde a las necesidades y materiales del país, todo para hacer la vida más cómoda, práctica y funcional. Y así construyeron escuelas, hospitales y viviendas por todo el país.

Entre los arquitectos ligados al funcionalismo en México destacan:

  • Juan O'Gorman

  • Juan Legarreta

  • Álvaro Aburto

  • Carlos Leduc

  • Domingo García Ramos

  • Hannes Meyer

  • Enrique Yáñez

  • Raúl Cacho

  • Alfonso Arai

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