Arquitectura Emocional ¿Como los Espacios Conectan Contigo?
La arquitectura emocional es la disciplina que estudia cómo los espacios construidos pueden influir en nuestro estado de ánimo, nuestro bienestar y nuestro comportamiento. Esta corriente arquitectónica trasciende la funcionalidad para crear entornos que generen respuestas emocionales positivas en quienes los habitan.
Cuando hablamos de diseño emocional, nos referimos a la capacidad de los arquitectos para crear espacios que cumplan una función práctica y conecten con nuestras emociones más profundas. Pero, ¿por qué es tan importante esta conexión?
Para entenderlo de forma sencilla, la arquitectura emocional es la disciplina que se enfoca en crear edificios y espacios pensando en las emociones de las personas que los usan. Va más allá de la funcionalidad o la estética básica, ya que busca generar una respuesta emocional particular y una conexión genuina. Cuando un lugar logra «hablarte» y resonar con tus sentimientos, su mensaje se percibe con mayor intensidad y perdura en el tiempo. Se trata de que tu entorno construido no solo te sea útil, sino que también te comprenda y te acompañe en tu día a día.
¿Por qué nuestras emociones importan en el diseño?
Imagina por un momento un espacio pequeño sin ventanas por las que entre el aire o la luz del sol. Un lugar que da la sensación de estar encerrado, rodeado de edificios enormes que te hacen perder el rumbo, mientras el ruido constante de la ciudad te golpea los oídos. ¿No te sentirías un poco asfixiado?
Pues así son muchos de los lugares donde pasamos el tiempo en las grandes ciudades: nuestras oficinas, casas, escuelas o el transporte público. A veces parece que el diseño actual de las ciudades busca que nos sintamos perdidos, sin energía e insensibles a lo que nos rodea. Sin embargo, nuestro entorno es, en cierto modo, una extensión de cómo funcionan nuestro cuerpo y nuestra mente.
De hecho, varios estudios señalan que crecer en entornos así puede duplicar la probabilidad de desarrollar problemas de salud mental. La arquitectura y el diseño son herramientas con un gran potencial para generar cambios. La pregunta es: ¿realmente nos ayudan a comportarnos de manera más positiva? Sé que cada persona vive de forma diferente según su cultura, pero lo que la mayoría compartimos es la capacidad de sentir. Sentimos calma, miedo, ansiedad o alegría, y percibimos lo que un espacio nos quiere transmitir. Por eso, te invito a explorar el diseño desde una perspectiva distinta, adentrándonos en el mundo de las emociones y su relación con la arquitectura.
La ciencia detrás de nuestros sentimientos
El cerebro y las emociones
En nuestro cerebro, un órgano sumamente complejo, se encuentra el sistema límbico. Se trata de un conjunto de estructuras que trabajan juntas para crear, interpretar y vincular nuestras emociones y comportamientos con nuestras experiencias. Según explica el Dr. Eduardo Calixto, este sistema nos ayuda a identificar rápidamente aquello que nos hace reaccionar, mejora nuestra capacidad de recuerdo, cambia nuestro estado de alerta y nos ayuda a entender y expresar a los demás cómo nos sentimos. En pocas palabras, nos ha ayudado a sobrevivir y a que nuestra especie siga adelante.
Entendiendo nuestras emociones básicas
El psicólogo Robert Plutchik nos propone una forma de entender las ocho emociones básicas como si fueran los pétalos de una flor: alegría, confianza, miedo, sorpresa, tristeza, aversión, ira y anticipación. Cada una tiene un opuesto (la alegría frente a la tristeza, por ejemplo). También pueden mezclarse entre sí, dando lugar a otras sensaciones: la alegría y la confianza pueden crear amor, mientras que la aversión y la ira pueden crear desprecio. Además, se pueden sentir con diferente intensidad, desde un simple temor hasta un terror absoluto. Es una forma útil de entender lo que nos pasa, similar a la rueda de colores que usamos en diseño.
Más tarde, el psicólogo Paul Ekman y sus colaboradores nos presentaron «las seis grandes» emociones básicas, que están presentes en todos los seres humanos:
Sorpresa
Asco
Tristeza
Ira
Miedo
Alegría
Aunque el tema de las emociones y su estudio es muy amplio y existen muchas teorías al respecto, estas ideas nos proporcionan una buena base para comprenderlas mejor. En definitiva, existen, tienen nombre y son importantes para vivir mejor.
Un poco de historia: Cuando la arquitectura decidió sentir
Los pioneros de la arquitectura emocional en México
A mediados del siglo XX surgió en México un movimiento que buscaba precisamente eso: despertar emociones a propósito a través del espacio. A este movimiento se le llamó arquitectura emocional. Su principal impulsor fue Mathías Goeritz, un escultor y arquitecto que quería que la arquitectura funcional recuperara su identidad y sus raíces mexicanas. Para ello, utilizaba el color, las formas y las texturas para estimular los sentidos de la gente.
Sin embargo, quien llevó esta idea más allá fue el ingeniero arquitecto Luis Barragán. Él utilizaba el agua, la vegetación, los patios, la luz y una sensibilidad especial por el color. De hecho, en su discurso al recibir el premio Pritzker mencionó varias emociones, como esa alegría tranquila y serena que se disfruta en soledad.
Inspiración para la ciencia: El Instituto Salk
Jonas Salk, el científico que creó la vacuna contra la polio, pasó un tiempo en Asís (Italia). Cada vez que visitaba la basílica de San Francisco de Asís, notaba que su creatividad e inspiración aumentaban. Se dio cuenta de que los espacios influyen en cómo nos sentimos. Por eso, al regresar a Estados Unidos, encargó al arquitecto Louis Kahn el diseño del Instituto Salk de Investigación. Quería un edificio que combinara arte, ciencia y utilidad. El resultado es una obra realmente especial.
Se dice que Luis Barragán también aportó su granito de arena. Cuando conoció a Kahn, este le pidió su opinión sobre la plaza del instituto, ya que al principio quería poner jardines. Barragán le aconsejó que no plantara ni un solo árbol y le dijo que la plaza era «una fachada hacia el cielo».
Cine y Arquitectura
Una de las mejores relaciones en el arte se da entre el cine, la arquitectura y la ficción. Se complementan de tal manera que nos permiten entender el espacio desde diferentes puntos de vista. Es evidente que el cine ha utilizado la arquitectura emocional como un valioso recurso narrativo.
Piensa, por ejemplo, en las películas de Wong Kar Wai, que nos hacen sentir como en un sueño nostálgico y melancólico. O piensa en Akira, que nos provoca una sensación de vacío existencial y desesperanza con su estética ciberpunk. Y qué decir de las películas de Studio Ghibli, que siempre nos muestran escenarios muy conectados con la naturaleza y que nos invitan a la calma, la alegría y el optimismo. Esto ocurre mucho en el anime y el cine asiático, donde el realismo de la vida cotidiana a veces reconforta el alma y otras nos desarma.
Pero también lo vemos en el cine occidental, como en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, donde nos embarcamos en un viaje por todas las emociones. Otros ejemplos para mí serían Gattaca, Coraline, las películas de Wes Anderson o la escena en la que Tim Burton nos regala una representación del amor en El gran pez. En todas estas películas, no solo percibimos las emociones a través del guion y las interpretaciones, sino que el diseño de los escenarios juega un papel esencial a la hora de transmitirlas. Con una decisión creativa distinta, el efecto seguramente no sería el mismo.
Hay dos películas que llevan la idea de las emociones y las materializan de forma literal. Una es “Columbus”, donde los protagonistas encuentran consuelo y sanación al visitar obras arquitectónicas que terminan cambiando la forma en que se ven a sí mismos. La segunda es “Intensamente”, que busca una profundidad diferente y se apoya en la animación para meternos en uno de los mundos más complejos: el cerebro.
Allí vemos el subconsciente, la memoria, el olvido y, lo más importante, las emociones, que nos dirigen formando "islas de pensamiento central" que definen nuestra personalidad, y cada una tiene su propia arquitectura. Es algo que me parece fascinante, como la consola que se vuelve más compleja a medida que crecemos, creando nuevas emociones.
Así como en esta película la arquitectura se transforma para hacer mejor la vida del usuario, nosotros, los diseñadores, tenemos una tarea similar en la realidad. Porque el entorno que construimos hace visibles nuestras aspiraciones, no solo personales, sino también como sociedad.
¿Por qué nos hemos desconectado de nuestros espacios?
Ahora, la pregunta que surge es: ¿por qué hemos dejado de poner atención a cómo nos hace sentir la ciudad? Aquí quiero señalar algunos puntos que creo que son importantes para entenderlo, y que se notan más en ciudades en desarrollo, porque, como ya dije, vivimos y usamos los espacios de acuerdo a nuestra situación.
La modernidad y el dinero
La modernidad ha hecho que las ciudades, en muchos casos, dejen de diseñarse para las personas y se hagan solo por interés económico. Esto significa que las empresas inmobiliarias ocupan nuestros centros urbanos y su arquitectura solo beneficia a unos pocos. Además, con la modernidad han llegado estilos arquitectónicos que abandonan la identidad de los lugares para adaptarse únicamente a materiales hechos en masa que ahora vemos por todas partes. Así que deberíamos preguntarnos: ¿dónde está la huella humana en estos edificios nuevos? También, el modelo de ciudad actual sigue dando prioridad al coche. Por eso, tenemos más carreteras y aparcamientos que viviendas.
Perdiendo la escala humana y la vista
Las ciudades de antes se hacían pensando en las actividades diarias de la gente, es decir, estaban hechas a nuestra medida. Sin embargo, la ciudad actual ha ido creciendo sin control hacia los lados y, gracias a las nuevas tecnologías, también hacia arriba. De repente, es imposible ver el horizonte. Por eso, empezamos a sentirnos perdidos y extraños en nuestra propia realidad. Sin mencionar que este crecimiento genera problemas en el transporte público o en los servicios básicos.
Lejos de la naturaleza
Estoy seguro de que te ha pasado estar en lugares públicos donde no hay ni una planta. O hay ciudades donde es bastante difícil encontrar espacios para convivir. Muchas veces tienes que usar el coche o el transporte público para llegar. Algo que me parece, sencillamente, poco humano. Nos separamos de la naturaleza, pero pertenecemos a ella. Al final, la ciudad es el hábitat que creamos para nosotros.
Aquí solo estoy hablando de algunos factores en general. Pero hay muchos más que contribuyen a esta "epidemia de desánimo urbano", como las barreras en los edificios, el ruido, la contaminación, los riesgos de accidentes, la desigualdad y los altos índices de delincuencia.
Arquitectura como herramienta para el bienestar
Quizás te preguntes si el diseño puede realmente ayudar a estos problemas. Y la respuesta es sí. A principios del siglo XX, la tuberculosis era una de las principales causas de muerte porque la enfermedad se desarrollaba en espacios oscuros, cerrados y con mucho polvo. Como era de esperar, la mayoría de la arquitectura de la época era así. Por eso, los médicos recomendaban tomar el sol, respirar aire puro y tener buena higiene. Como no había medicinas adecuadas, la arquitectura se convirtió en una ayuda para la salud.
Esto casi obsesionó a arquitectos como Alvar Aalto, quien diseñó el sanatorio de Paimio con grandes ventanales y balcones. O la Villa Savoye de Le Corbusier, elevada del suelo para permitir que el aire circulara, con fachadas abiertas, grandes ventanas y azoteas que se podían usar para tomar el sol. Se cree que estas ideas, que nacieron por una enfermedad, dieron forma a la arquitectura moderna que, a su vez, ha influido en la arquitectura que tenemos hoy. Pero, como ya vimos, se ha desviado un poco de su propósito original.
Comunidad y propósito: Lubudegé
De hecho, el arquitecto Michael Murphy cuenta que renovar una casa ayudó a su padre con cáncer en su proceso de sanación, ya que esto mantenía su mente ocupada con un objetivo. Por ello, Michael decidió estudiar arquitectura, con la pregunta de qué más podríamos hacer para mejorar la experiencia de las personas.
Esto lo llevó a conocer el concepto de Lubudegé en Ruanda, que es la participación de la comunidad en la construcción de edificios públicos. Todos colaboran en el proceso. Esto ayudó a la gente de la localidad a sanar y a mantenerse unida después del terrible genocidio en su país. Con todas estas reflexiones, han surgido movimientos que, en mi opinión, serán esenciales para el diseño de los próximos años.
Neuroestética y Neuroarquitectura
La neuroestética es un campo de la ciencia relativamente nuevo que busca entender nuestras experiencias estéticas desde el punto de vista del cerebro. Esto nos llevaría a crear neuroarquitectura: espacios diseñados pensando en las emociones y la salud de quienes los usarán. Claro que todo esto debe hacerse con una perspectiva completamente humana, porque si se nos fuera de las manos, podríamos terminar en un episodio distópico de *Black Mirror*.
Biofilia: Conectando con la vida
En el libro *El corazón del hombre*, el psicólogo Erich Fromm define la biofilia como el amor por la vida y la naturaleza. Pero fue el biólogo Edward O. Wilson quien desarrolló más esta idea en su hipótesis de la biofilia. Él nos dice que los humanos tenemos una necesidad fuerte de conectar con otros seres vivos y que este lazo con la naturaleza es algo que hemos desarrollado a lo largo de la evolución.
Esto es porque hemos pasado mucho más tiempo desarrollándonos en entornos naturales que en las ciudades de hoy. Además, somos parte de la gran red de la vida. Por eso, cuando estamos en ambientes naturales, nos sentimos más tranquilos o en calma. Así, el diseño biofílico busca integrar la naturaleza en nuestros lugares de vida: las ciudades.
Muchas veces me pregunto cuántas veces al día tienes contacto directo con alguna planta. Te sorprendería saber que hay personas que no tienen ningún contacto con algo tan básico y necesario para nuestra supervivencia. Un proyecto que hace esto de forma maravillosa es el Kinder Fuji del equipo Tezuka en Japón, que usa una forma orgánica, abierta y que integra la naturaleza para animar la interacción, la libertad y la creatividad de los niños.
Ciudad consciente: Un organismo que nos acoge
Por último, la idea de considerar la ciudad como un organismo vivo y consciente. Las intenciones de cambio son buenas, pero no servirán de nada si no se aplican correctamente. Las ciudades no pueden crearse solo con lógica y razón. Pertenecen a la gente y deben adaptarse a nuestros planes. Cuando las calles resultan interesantes, la ciudad también lo es. Pero, cuando tienen aspectos que nos entristecen, la ciudad también parece triste, como nosotros.
Un buen diseño puede darnos esperanza. Nos ayuda incluso a sanar heridas del pasado, porque tú y tus emociones importan. Necesitamos espacios que se sientan como nuestro hogar, que nos permitan mostrarnos vulnerables y sentirnos cómodos en esta corta experiencia que llamamos vida.
Lugares con los que nos identifiquemos, sin importar de dónde vengamos ni cuáles sean nuestras preferencias. Lugares que formarán parte de nuestras historias. Espacios abiertos y preparados para conversar con nuestras emociones. Espacios, en definitiva, para la naturaleza y para las personas.
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El diseño biofílico integra elementos naturales en los espacios construidos, como plantas, agua, luz natural y materiales orgánicos. Los beneficios incluyen reducción del estrés, mejor concentración, mayor creatividad y una sensación general de bienestar, ya que nuestro cerebro está programado evolutivamente para conectar con la naturaleza.
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La neuroarquitectura utiliza conocimientos sobre cómo funciona nuestro cerebro para diseñar espacios que reduzcan el estrés, mejoren la concentración y promuevan emociones positivas. Esto se logra através de elementos como iluminación natural, conexión con la naturaleza y proporciones que respeten la escala humana.
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Sí, múltiples estudios demuestran que crecer en entornos urbanos mal diseñados duplica la posibilidad de desarrollar trastornos mentales. Por el contrario, espacios bien diseñados con luz natural, vegetación y proporciones adecuadas pueden mejorar significativamente nuestro bienestar psicológico.
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Puedes incorporar más luz natural, añadir plantas y elementos naturales, usar colores que te generen calma, crear espacios de transición entre áreas, mejorar la ventilación y organizar los espacios para fomentar tanto la socialización como la privacidad según tus necesidades.